martes, 25 de febrero de 2014

El hombre que desparrama culpas y que nunca se mira hacia adentro

Primer bombazo : “A la actitud hay que ponerle actitud (sic). Para jugar con esta camiseta, se necesita mucho más”.


Segundo bombazo : “Podés perder, pero no de esta manera; la gente quiere ver la entrega total”.
Ramón Díaz hizo la Gran Bianchi : tras el papelón (uno más y van...) de Santa Fe, les reclamó actitud -positiva, se entiende- a sus dirigidos. Los responsabilizó, lisa y llanamente, de la durísima derrota.
Los mandó debajo de un tren , traducirían en la tribuna.


Los jugadores son los que juegan, diría Perogrullo. Desde ese punto de vista, se le puede dar la derecha al técnico riojano. Ya se expresó infinidad de veces en columnas similares a ésta: en este plantel, y en el del año pasado, hay futbolistas que no se pueden poner la remera de River. Porque les pesa una tonelada, porque les queda grande, porque no conocen la historia -riquísima historia- que tiene esa pilcha. Si a tamaña circunstancia esencial, que les nubla la mente y les ata las piernas, se le agregan las limitadas condiciones futbolísticas de unos cuantos y la ausencia de maestros que los ayuden a evolucionar, se entiende por qué River juega como juega. Mejor dicho, por qué River no juega.

Ahora, parece que Ramón Díaz jamás se preguntó lo que ya muchos se preguntan a esta altura de la soirée : ¿y por casa cómo andamos?
¿Creerá, en serio, que todo pasa por sus jugadores? ¿Pensará que con sus pergaminos y con su omnipotencia está exento de las críticas o que es el único que tiene en su placard un traje de amianto para salvarse del incendio? ¿Quién armó este plantel? ¿Quién define a los titulares? ¿Quién eligió como refuerzos a Fabbro, a Menseguez, a Ferreyra? ¿Quién ordena una línea defensiva de tres hombres que posee menos firmeza que un flan? ¿Quién mantiene como intocable a un Ponzio que está a años luz del mejor Ponzio? ¿Quién no ubica la fórmula de la creación y del gol? ¿Quién quema a los juveniles sin ton ni son (el domingo, Cabrera era el mejor defensor y lo reemplazó a los 58 minutos)? ¿Quién se equivoca seguido con los cambios, que suelen ser tardíos y casi siempre calcados? ¿Quién se las ingenia para conseguir, tras un año y pico en el cargo, un equipo que no tiene identidad ni línea de juego ni certidumbres? ¿Quién es incapaz de solucionar las innumerables privaciones, que son de vieja data y que se reiteran hasta el hartazgo? ¿Quién le echa la culpa primero a la ansiedad, cuando se pierde con Godoy Cruz en el último segundo, y ahora a la actitud, luego de la caída ante Colón? ¿Quién se escuda en que todo lo que se trabaja en los entrenamientos, durante la semana, no se refleja en los partidos, cuando llega la hora de la verdad?
A propósito: ¿tanto se trabaja en la semana? Basta ver a este River desangelado y desorientado para obtener la respuesta.

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