martes, 25 de septiembre de 2012

Boca Juniors no levanta cabeza

Que Boca pocas veces tuvo fútbol ya es sabido. Que el brillo no es parte de su personalidad se analiza desde hace un buen tiempo. Que no es un asunto de un mal de ausencias, más allá del adiós de Riquelme: el estilo no provoca calidad. Boca siempre fue (por lo menos, con Julio César Falcioni en la conducción) un producto del ensayo, del laboratorio, de la táctica, de la solidez, de lo grupal por sobre la estética. Nada malo, por cierto: de esa forma, solía irle bien.
 
 
 
Un torneo local y una Copa Argentina, al margen del golpazo de la perdida final de la Copa Libertadores, se ofrecen como muestras: con esa pequeña gran dosis de eficacia, suele ser superior a la mayoría de los exponentes de nuestro medio. Verdaderos híbridos envueltos en vaivenes, con pequeñas excepciones, como Newell's, como Vélez. Boca es Boca, porque el resto es lo que es: un tiro al aire.

Sin embargo, una noche, Boca mostró su peor versión. Lanús lo desnudó por completo, de pies a cabeza. Expuso su otra realidad, la que siempre está latente, pero que no se muestra del todo: sin fútbol, no es nada del otro mundo. Boca suele ganar, casi, casi, sin buen juego. Anoche, sin embargo, le faltó todo lo demás: valentía para transformar la realidad, solidez para tomar las marcas, calidad en figuras apagadas.
 
Para peor, cuando el desarrollo era parejo, frente a un Lanús entusiasta y agresivo, pero sin profundidad, Ustari perdió una increíble pelota en los aires; cuando el balón entraba, Schiavi ensayó evitar el peligro con un esforzado intento que chocó contra el travesaño y volvió al área grande. El blooper finalizó con un zurdazo violento de Regueiro, ante la pasividad defensiva xeneize.
 
Tenía un buen tiempo para creer Boca que podía cambiar. Sin embargo, no lo hizo. Pareció una versión apagada, deslucida, sin rebeldía ni personalidad, impropia de este Boca con probada fuerza de voluntad. Controlados Viatri y Silva (por lo menos, a diferencia de su colega, con una buena dosis de entusiasmo), sin claridad Erviti, sin profundidad Sánchez Miño, Boca casi no visitó el arco de Marchersín. Todo un símbolo: casi, casi, no pateó al arco.

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