Guillermo Barros Schelotto nunca fue un técnico de medias tintas.
Y su Vélez tampoco.
Durante buena parte de 2026, el Fortín mostró una idea reconocible: presión, intensidad, protagonismo y una apuesta fuerte por jugar aun contra rivales de mayor presupuesto. El propio Guillermo llegó a lanzar una frase que encendió el debate en septiembre: “¿Qué equipo del fútbol argentino juega como jugó Vélez el primer tiempo? Ninguno”.
No era sólo una provocación.
Vélez había mostrado argumentos para sostenerla.
Contra River, por ejemplo, levantó un 0-2 en el Monumental y terminó empatando 2-2. Guillermo destacó que el equipo no se desordenó y que consiguió reaccionar “jugando a lo Vélez”, tratando de manejar la pelota y plantándose de igual a igual.
Contra Boca también dejó una imagen competitiva. Tras el empate, el Mellizo aseguró que su equipo había tenido las situaciones más claras y que el Xeneize prácticamente no había generado peligro limpio.
Pero el fútbol argentino tiene una costumbre bastante cruel: te deja jugar lindo durante meses y después te entrega la factura toda junta.
La derrota 2-0 ante Lanús volvió a poner a Vélez contra las cuerdas. Guillermo reconoció que después del primer gol su equipo se confundió, abusó de la pelota larga y perdió la forma que había mostrado durante buena parte del torneo.
Ahora el escenario es clarísimo.
Quedan cuatro partidos en la fase regular, Vélez está a tres puntos de su objetivo inmediato y el propio entrenador lo definió sin vueltas: ganar los cuatro y después mirar dónde queda parado.
Además, el cierre llega con algunas bajas importantes, entre ellas las de Manuel Lanzini y Emanuel Mammana, aunque Guillermo se negó públicamente a usarlas como excusa.
Y ahí aparece la discusión interesante.
Porque Barros Schelotto logró algo que no siempre es sencillo en el fútbol argentino: que su equipo tenga una identidad reconocible. El plantel mezcla experiencia con una presencia fuerte de juveniles y el cuerpo técnico mantiene una estructura claramente definida, con Gustavo Barros Schelotto y Federico Insúa como ayudantes.
Pero ahora viene la parte que separa los proyectos atractivos de los proyectos ganadores.
¿Alcanza con jugar bien?
Guillermo ya demostró que Vélez puede competir contra cualquiera.
Lo que tiene que demostrar en estas cuatro finales es algo todavía más difícil:
que también sabe ganar cuando ya no queda margen para equivocarse.
Y si no lo logra, esa frase de “nadie juega como Vélez” puede pasar de bandera futbolera a munición para sus críticos. ⚪🔵
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