Estudiantes de La Plata escribió otra página inolvidable de su historia copera. En el mítico Maracaná, frente a más de 72.000 espectadores y ante uno de los planteles más poderosos de Sudamérica, el Pincha resistió, luchó y terminó eliminando al Flamengo de Leonardo Jardim para meterse en la gran final de la Copa Libertadores 2026.
Fue 0-0 durante los 90 minutos, el mismo resultado que se había registrado en La Plata, y 3-2 en los penales, con un Fernando Muslera gigantesco que contuvo tres remates.
Una noche de esas que explican por qué la Copa Libertadores sigue siendo una competencia diferente a cualquier otra.
🔴⚪ Un gigante brasileño frente a la mística de Estudiantes
El desafío era enorme.
Del otro lado estaba el Flamengo, vigente campeón de América, dirigido por el portugués Leonardo Jardim y con un plantel que reunía figuras internacionales como Lucas Paquetá, Jorginho, Pedro, Jorge Carrascal, Samuel Lino y Giorgian de Arrascaeta.
Un equipo construido para ganar, acostumbrado a dominar los partidos y respaldado por el imponente escenario del Maracaná.
Pero enfrente apareció Estudiantes.
El equipo de Alexander Medina llegó a Río de Janeiro con una idea clara: competir cada pelota, cerrar los espacios interiores, reducir las ventajas del rival y aprovechar sus oportunidades.
Porque si algo sabe Estudiantes es que las grandes noches de Copa no siempre se ganan jugando mejor que el adversario. Muchas veces se ganan entendiendo mejor el partido.
⚽ Un partido de dientes apretados
El comienzo mostró a un Estudiantes valiente, dispuesto a discutirle la iniciativa al conjunto brasileño.
Lejos de limitarse a esperar, el Pincha salió a disputar el mediocampo, presionar y atacar cuando encontraba espacios.
Incluso tuvo una oportunidad clarísima después de un tiro de esquina, cuando Agustín Rossi logró evitar el gol en una doble intervención ante González Pírez y Marcos Rojo.
Baltasar Rodríguez también estuvo cerca de romper el cero con un potente remate desde afuera del área.
Flamengo, por supuesto, tenía la pelota y la calidad suficiente para generar peligro.
Sin embargo, su dominio territorial no siempre se traducía en situaciones claras.
Estudiantes comenzaba a imponer un partido incómodo, físico, cerrado y con pocas ventajas para los delanteros brasileños.
🟥 La expulsión que cambió todo
Apenas comenzado el segundo tiempo, Baltasar Rodríguez recibió su segunda tarjeta amarilla y dejó a Estudiantes con diez jugadores.
El escenario se volvió todavía más complicado.
Con un futbolista menos, el Pincha tuvo que modificar su comportamiento defensivo, reducir los espacios entre líneas y sostener un bloque cada vez más cercano a Fernando Muslera.
Flamengo comenzó a monopolizar la posesión.
Jardim buscó respuestas desde el banco. Ingresó Arrascaeta para aportar creatividad y más tarde sumó a Bruno Henrique y Gonzalo Plata para aumentar la presencia ofensiva.
Pero el equipo argentino resistió.
Los defensores protegieron el área, los mediocampistas multiplicaron sus esfuerzos y los delanteros colaboraron para cerrar los circuitos de pase.
La imagen era contundente: el poderoso Flamengo tenía la pelota, pero Estudiantes controlaba buena parte de los espacios que realmente importaban.
🧠 El triunfo táctico de Alexander Medina
Más allá del heroísmo, la clasificación también tuvo una explicación futbolística.
Medina comprendió que, después de la expulsión, intentar disputar la posesión en igualdad de condiciones era prácticamente imposible.
La respuesta fue construir un bloque defensivo compacto, proteger el carril central y obligar a Flamengo a circular por fuera.
El conjunto brasileño llegó a tener cerca del 75% de posesión, pero esa superioridad estadística no alcanzó para desarmar la estructura del equipo argentino.
La entrada de Arrascaeta buscó generar juego entre líneas, mientras que Bruno Henrique y Plata ofrecieron nuevas alternativas para atacar la última línea.
Sin embargo, Flamengo continuó encontrando dificultades para transformar la circulación en profundidad.
Hubo sufrimiento, naturalmente.
Muslera respondió ante un cabezazo peligroso de Plata, mientras Paquetá también estuvo cerca de convertir.
Pero Estudiantes consiguió algo fundamental: llevar el partido al escenario donde todavía podía competir por la clasificación.
Los penales.
🧤 Fernando Muslera, el dueño del Maracaná
Y entonces apareció el gran protagonista de la noche.
Fernando Muslera, arquero uruguayo de enorme trayectoria internacional, se convirtió en el héroe de Estudiantes.
La definición comenzó con los goles de José Sosa y Giorgian de Arrascaeta.
Después llegó el primer golpe: Muslera detuvo el remate de Jorginho.
Más tarde volvió a lucirse ante Lucas Paquetá.
Estudiantes convirtió mediante Eros Mancuso y Tiago Palacios, mientras que Léo Pereira mantuvo con vida al conjunto brasileño.
Y cuando Bruno Henrique se preparó para ejecutar, toda la presión del Maracaná cayó sobre los hombros del arquero uruguayo.
Muslera eligió bien, se lanzó y atajó.
Tres penales detenidos. Flamengo eliminado. Estudiantes finalista de América.
La explosión de alegría de los jugadores argentinos contrastó con el silencio y la incredulidad del estadio brasileño.
🏆 El Pincha vuelve a soñar con su quinta Libertadores
Estudiantes conquistó la Copa Libertadores en 1968, 1969, 1970 y 2009.
Cuatro títulos que construyeron una identidad internacional basada en la competitividad, el carácter y una particular manera de interpretar las eliminatorias.
Ahora, diecisiete años después de su última consagración, volverá a disputar una final continental.
El rival será Palmeiras, otro gigante del fútbol brasileño, que eliminó a Fluminense también por penales.
La gran final está programada para el 28 de noviembre de 2026 en Montevideo.
Será, además, una reedición de aquella histórica definición de 1968, cuando Estudiantes conquistó su primera Libertadores precisamente ante Palmeiras.
🇦🇷 Otra noche para recordar
El fútbol sudamericano tiene algo que ninguna estadística consigue explicar completamente.
Los presupuestos importan. La jerarquía individual importa. La posesión, la técnica y los sistemas de juego también.
Pero hay noches en las que el orden colectivo, la convicción y la capacidad para soportar los momentos adversos terminan inclinando la balanza.
Estudiantes no necesitó dominar al Flamengo para eliminarlo. Necesitó interpretar qué partido debía jugar después de quedarse con diez, defender con inteligencia y aprovechar su oportunidad en los penales.
No fue una victoria de la improvisación. Fue una clasificación construida desde la resistencia, el compromiso colectivo y una actuación extraordinaria de su arquero.
El Maracaná volvió a ser escenario de una hazaña argentina.
Y Estudiantes, ese club que lleva la Copa Libertadores grabada en su identidad, tendrá nuevamente la oportunidad de conquistar América.
¿Podrá el Pincha repetir la historia de 1968 y levantar su quinta Copa Libertadores frente a Palmeiras?



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