La reacción de los hinchas ingleses cuando se informó la creación de la Superliga fue inmediata. Furiosos, pidieron que sus equipos no fueran parte de ese torneo. La bomba tuvo alcances políticos y hasta la seria advertencia del Primer Ministro británico Boris Johnson, pieza clave en la disolución del plan original. ¿Qué hubiera pasado con los fanáticos argentinos si en esa lista de clubes hubieran estado Boca y River? Aunque parezca una locura, el portal UOL Brasil, a través de su periodista Rodrigo Mattos, informa que esa posibilidad existió. Tres equipos sudamericanos pensaron la idea de abandonar la Copa Libertadores para jugar en Europa. Lo analizaron.
Ese 15 de noviembre de 2019 nada se sabía aún del
coronavirus. La reunión fue en Zurich, en la FIFA. Allí estaba el presidente,
Gianni Infantino, y los presidentes de ocho clubes acordaron al realización de
un “Supermundial de equipos”, que se debía jugar en China, con 24
participantes. También la elección de Florentino Pérez, de Real Madrid, como
titular de la Asociación mundial de Clubes. Hubo fotos con caras de buenos
amigos y felicitaciones por el nuevo desarrollo para el fútbol.
Los presidentes de Real Madrid, Milan, Boca, River,
América (México), Auckland (Nueva Zelanda), Guangzhou Evergrande (China) y
Manzembe (Congo), estuvieron presentes. Rodolfo Donofrio y Daniel Angelici
representaron a los equipos argentinos. Según fuentes del fútbol brasileño y de
la Conmebol, ese fue el punto de contacto. El primer paso para tratar la
incorporación de River y Boca, además de Flamengo, en el nuevo proyecto de la
Superliga.
Las conversaciones siguieron en el comienzo de 2020, y
las versiones incomodaron a los dirigentes de las federaciones continentales.
Aleksander Ceferin declaró en las últimas horas: “No sabíamos que teníamos a
las serpientes tan cerca”. Y se refería justamente a la forma en la que,
mientras negociaban nuevos certámenes con la FIFA, los mismos dirigentes se
reunían a sus espaldas para preparar la revolución de la Superliga. Las
versiones ya comenzaban a conocerse y a reproducirse en la prensa mundial.
Pero antes de que las negociaciones pudiera tomar forma,
la pandemia comenzaba a hacer estragos en todo el mundo. La imposibilidad de
viajar limitó las chances de los sudamericanos. La ingeniería para construir el
nuevo campeonato se diseñó exclusivamente con integrantes europeos.
Desde los clubes argentinos, naturalmente reconocen la
reunión que fue pública, pero no se dice nada de el plan alternativo. Una
fuente vinculada con la dirigencia que condujo Boca hasta diciembre de 2019,
contó: “La reunión que era un poco el embrión de una cosa así. Pero no de la
Superliga, sino más bien de un acuerdo entre los principales clubes para
repensar la estructura del Mundial de Clubes. Florentino Pérez estaba con mucho
liderazgo en el tema. El presidente de Real Madrid te diría que no tiene
grandes relaciones con nadie, pero Angelici... es Angelici. Ellos dos tenían
algo en común: entendían que la estructura del fútbol debía reformularse”.
Cuando la foto de Florentino Pérez con Angelici y
Donofrio se hizo pública, Alejandro Domínguez, presidente de la Conmebol,
también se enfureció. Empezó a leer que en aquella maniobra, Infantino estaba
dando un visto bueno para la Superliga, a cambio de que le permitieran
organizar en la FIFA su Super Mundial de clubes cada cuatro años.
Domínguez se comunicó con Ceferin porque sintió que podía
perder a tres clubes muy poderosos de su competencia continental. ¿Podrían
River, Boca y Flamengo dejar de jugar la Libertadores?
Infantino se mostró contrariado por la creación de la
Superliga, pero tampoco descartaba la posibilidad de que una vez que estuviera
en marcha el nuevo certamen, él pudiera incluirlos en su “Super Mundial”. Y
vincularlos con los equipos de Asia, Oceanía y Africa. Los votos que también lo
pueden sostener en el poder. La versión 2021 fue cancelada por la pandemia,
pero el objetivo 2025 todavía se sostiene.
Los dirigentes de los doce gigantes de Europa se
apresuraron al decir que la Superliga era inevitable. El 50% del bloque (City,
United, Chelsea, Liverpool, Arsenal y Tottenham), era inglés. Aunque no
precisamente sus dueños. Gran Bretaña presionó con la idea de acelerar la ley
de desinversión de capitales extranjeros en los equipos, hasta dejar el 51 %
del paquete accionario en control de los socios.
Los norteamericanos Joel Glazer (dueño de Manchester
United), Stan Kroenke (Arsenal) y John Henry (Liverpool); el jeque abudabí
Mansour bin Zayed Al Nahayan (Manchester City), y el ruso Roman Abramovich
(Chelsea), sintieron que podían perder el control de sus clubes. Dieron un paso
atrás.
Del mismo modo, ahora tal vez sea apresurado decir que la
Superliga está muerta. Un gran negocio puede tener contratiempos, pero no
significa que se lo abandone por completo cuando están en juego tantos
millones. Esta es una historia gigante. Tan grande, que por un momento incluyó
a River y a Boca. Y es posible que no se haya terminado aquí.
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