Gabriel Heinze admite sin rodeos que jamás imaginó estar viviendo este
presente cuando decidió volver de Roma para vestir la camiseta de su querido
Newell´s. “Volví hace un año a darle una mano al club en un momento muy difícil
cuando el descenso apremiaba y hoy gracias a 25 hombres se está viviendo un
presente soñado, impensado”, lanza a modo de catarsis cuando se le pregunta por
la hazaña de meter al equipo entre los cuatro mejores de América. “Vi a muchos
chicos llorando en el vestuario. Estos jugadores llevan al club en la piel,
emociona ver las ganas que le ponen para poder pelear todo”, subraya con el
orgullo de saber que su vuelta no fue en vano.
Tan profunda es la emoción que corre por sus venas que Heinze, siempre
reticente a las notas y a las entrevistas, se abre y se distiende ante un grupo
de periodistas que lo esperan para saber cómo vivió una de las jornadas más
gloriosas de la rica historia de Newell´s. “Yo sufro siempre. Más jugando en el
club que te criaste. Aunque a decir verdad sufro por mis compañeros, no tanto
por mí. Fue muy duro. Pero gratifica mucho ver jugar a este equipo”,
asegura.